Sobre la sinceridad.
No hay día que no piense si es necesario siempre ser honesto.
En realidad, la honestidad siempre ha estado ahí desde que somos pequeñitos.
¿No se dice que los niños dicen la verdad?
Pero parece que conforme pasa el tiempo, la honestidad se va corrompiendo, como cuando empiezas a mentir sobre lo que son tus padres o los juguetes que tienes. Me viene a la cabeza un ejemplo en el que me veo en el patio del colegio diciendo que sí que había visto la película de la que hablaban. Mentira cochina, pero no sé quien mentía más, si yo o quien me seguía el rollo a las conclusiones que sacaba yo de las películas.
Más tarde, no mucho más tarde de aquello-subo un escalón de los 8 a los 10-11 - ya valoraba la amistad y quería a mis amigos pa' mí na' más. Cuando creía que controlaba la situación, de repente me encontraba con que alguna amiga que otra me había mentido, y si por aquel entonces hubiera tenido tuenti o facebook, mis estados se llenarían de decepciones y mensajes afiladitos hacia las que eran las típicas amigas que te daban todo lo que tuvieran. Me limitaba a escribirlo en un diario to' feo y a escuchar a Alejandro Sanz/Backstreet Boys para que me diera más pena y el drama me invadiera.
La verdad es que de los 15 hasta los 18 o 19 se siguen sufriendo fases desastrosas y catastróficas de palos. Palos de esos que te aplastan, y ya no sabes si tú ser honesta y a veces te ves en la necesidad de mentirte a tí misma para no creer o afrontar estupideces de la adolescencia.
De los 20 para arriba, parece ser que se está más consciente de las cosas y andamos con mejor pie. Pero la gracia está en que si la gente es honesta contigo, también molesta de vez en cuando porque algunas veces pensamos que llevamos la razón, y cuando hay evidencias de que no llevas la razón, como que pica más.
De momento, no puedo seguir haciendo valoraciones siguiendo un orden porque solo llego a los 25, pero intuyo que la gente también valora la sinceridad ante todo y que descarta estupideces y le da importancia a los que verdaderamente lo tiene. Y la experiencia hace el resto para que cuando nos llevemos una sorpresa, no tengamos la sensación de dolor inexplicable por dentro, si no que suelen salir las sonrisitas-colchón del "lo veia venir".
¿En qué quedamos entonces? si luego las verdades varían según las personas y hay quien no sabe "bajarse del burro" y no las puede aceptar o no se ven capaces de ello...
También he escuchado que ser honesto te deja mucho entrever y que te desnudas delante de todos, dejando saber hasta el mínimo defecto en el que te pueden pegar una retaila. Aunque eso es un tema aparte, creo.
Con respecto a las parejas, varia también porque aquí siempre se valora si es para bien, pero las cosas que afectan a uno negativamente...estamos en las mismas.
A veces creo que no querer saber la verdad muestra lo cobarde que a veces podemos llegar a ser.
La honestidad junto con las verdades, aunque valoradas, creo que son de la cosas que más nos pueden vaciar en muchas ocasiones.
Dependerá de cada uno saber reponerse como los adultos, o hacer como que se afrontan las cosas y esconderte como un niño lo hace cuando juega al escondite y corre al punto donde estaba el otro amigo para que no lo pillen.
Aún así, la honestidad es algo que valoraré de los otros hacía mi y que yo no puedo muchas veces callarme, por muy buenaza que sea, y de lo que creo, sin embargo, que no se puede abusar.
me encantas loca!!!!,un besazo
ResponderEliminarsé que no tiene nada que ver, pero...
ResponderEliminarSOY LA VISITA 1000!!!!
Un beso,
María Jesús